Licda. Maria Alexandra Medina Hernández

Desde hace algún tiempo, una serie de categorías y eventos históricos se han ido cimentando unos sobre otros en mis reflexiones personales como ciudadana del mundo. Palabras que circulan una y otra vez, a las cuales no les puedo dar un orden específico ni una jerarquización: Palestina, MAGA, tecnofascismo, calentamiento global, desarrollo sostenible, aceleracionismo, decrecimiento. Un conglomerado de conceptos que me permiten ver el contexto en el que vivo de manera crítica, pero también con cierta atmósfera calamitosa que me genera impotencia.

Al contexto actual lo llaman policrisis, una etiqueta que parece distraernos ante la posibilidad de ver esta reconfiguración como una sola crisis, construida meticulosamente por diferentes cabezas y brazos que han ido moviendo piezas globales para que calcen en un proyecto de sociedad y de futuro en beneficio de sectores específicos —especialmente de las minorías multimillonarias—, por encima del bien común y planetario.

«Lo que hacen en Gaza, lo harán en tu Casa». Una consigna que se ha levantado como llamado a la empatía y para evidenciar el poder colonizador, neocolonizador y cibermilitar al que se enfrenta el planeta. La limpieza étnica de Palestina, que lleva décadas produciéndose y constituye un claro crimen de lesa humanidad, ha sido politizada e instrumentalizada según intereses geopolíticos. A través de nuestras pantallas, ciudadanas y ciudadanos de todas las nacionalidades vemos la catástrofe: nos inundan sentimientos que van de la empatía al coraje, y nos fragmentamos al tomar posición sobre un escenario en el que no podemos decidir de manera directa.

Sin importar la postura personal de cada quien, queda claro que permitir que Israel reclame el territorio palestino como propio —y dejarle expandir su política colonizadora sobre el Líbano sin intervención ni sanción internacional— es una ficha que da permiso a las potencias económico-militares para reclamar de forma neocolonial los países que responden a sus intereses geopolíticos: Estados Unidos a América, Rusia a Ucrania, China a Taiwán y Hong Kong. En fin, se mueven alianzas políticas, económicas y tecnológicas que atizan pugnas entre potencias y exigen coaliciones gubernamentales que fragmentan a las poblaciones del mundo. Mientras tanto, se utilizan las social media como mecanismo para romper el tejido social y seguir fortalecer alianzas ideológicas que legitimen a los grandes poderes en sus próximas acciones neocoloniales.

Las ciudadanías del mundo somos testigos de estas relaciones de poder y de cómo, poco a poco, derrumban las narrativas de estabilidad internacional sobre las que creíamos que existían consensos y avances paulautinos, como los derechos humanos, especialmente cuando ni siquiera la ayuda y la atención humanitaria son respetadas.

«Make America Great Again» (MAGA): una consigna refrita por la Alt-Right estadounidense. ¿Cuándo, según este grupo, hubo una gran América? ¿Será cuando colonizaron y se apropiaron de tierras indígenas? ¿O cuando traficaron, esclavizaron y torturaron a poblaciones africanas? ¿Tal vez durante siglos de opresión contra las mujeres, los cuerpos diversos y las comunidades racializadas, privadas de derechos y de la posibilidad de ejercer una vida plena? ¿O se refieren al desarrollo de armas nucleares que aterrorizaron al planeta durante la Guerra Fría? Tal vez sea todo eso: la Gran América como potencia que despliega su hegemonía sobre otras naciones con procesos neocolonizadores e impone gobiernos a su servicio.

Cuanto peor, mejor. De la mano de las estrategias coloniales y neocoloniales se presenta el aceleracionismo como corriente filosófica, económica y política de las Big Tech, que prometen un supuesto cambio de sistema global. Comprobamos así que los intereses reales del capitalismo financiero, tecnológico y extractivista no son el bienestar de la humanidad ni el de los demás seres del planeta, sino su crecimiento máximo en pos de absolutamente nada más que el control y el poder sobre la vida misma. Silicon Valley, que nos vendía la ilusión de la conveniencia, muestra ahora sus verdaderos objetivos de expansión tecnológico-militar. Queda al descubierto el uso de plataformas digitales y redes sociales, como medio para la manipulación de la conducta y del pensamiento humano, así como a la vigilancia y el control de los cuerpos.

Para avanzar en la creación de un futuro feudalista, tecnológico y automatizado, empujan el colapso planetario: niegan los límites ecológicos para fomentar la explotación de recursos no renovables y activar la economía de las grandes empresas ecocidas. Promueven narrativas que transforman y anulan los mecanismos internacionales de defensa de los derechos humanos, las garantías sociales y los sistemas de protección estatales.

Así, se transita de democracias estables —que frenan el desarrollo desmedido del tecnocapitalismo— hacia gobiernos corporativistas más eficientes y ordenados, centrados exclusivamente en la atracción de inversiones que explotan todas las formas de vida. Se ponen en duda los derechos de las mujeres, de las personas sexualmente diversas y de las racializadas para justificar procesos de control y discriminación. Se crean mecanismos de persecución sustentados en una ciberseguridad de la sospecha, orientada a prevenir la disidencia política de grupos que apuestan por la construcción de otros futuros. Finalmente, nos encierran en sistemas de suscripción vitalicia que nos obligan a usar sus servicios para poder trabajar, comunicarnos, informarnos o realizar transacciones bancarias.

Vivir en tiempo real y virtual los movimientos desarticuladores provocados por los poderes hegemónicos descoloca a quienes no ocupamos espacios de poder ni de toma de decisiones. Ante cada noticia que anuncia un nuevo avance de la Alt-Right o de las Big Tech, y ante cada nueva ruptura del pacto entre el capital y los derechos humanos, se desata una sensación de vértigo y angustia por todo lo que estamos perdiendo y por lo que aún podemos perder.

¿Cuándo dejamos que los futuros posibles y deseables fueran construidos únicamente desde los poderes económicos y políticos? ¿Acaso en nuestros cuerpos y territorios no hay creatividad, imaginación y producción de conocimientos para soñar y gestar mundos propios?

Referencias para explorar

Albanese, Francesca. 2024. “Anatomía De Un Genocidio: Informe De La Relatora Especial Sobre La Situación De Los Derechos Humanos En Los Territorios Palestinos Ocupados Desde 1967.” Naciones Unidas. Asamblea General de Naciones Unidas. Consejo de Derechos Humanos. https://docs.un.org/es/A/HRC/55/73.

Cawayu, Atamhi, and Sigrid Vertommen. 2025. “Cuerpo-Territorio/Body-Territory.” Kohl Journal 11. https://kohljournal-press.translate.goog/cuerpo-territorio?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sge.

González, Roberto J. 2026. “The Rise of the Techno-Tyrants | Transnational Institute.” Transnational Institute. https://www.tni.org/en/article/the-rise-of-the-techno-tyrants.

Iglesias, Lorena Acosta, and Nantu Arroyo García. 2019. “Pensar El Aceleracionismo, ¿Con O Contra Marx? El Fragmento Sobre Las Máquinas a Debate En El S. XXI.” Argumentos De Razón Técnica: Revista Española De Ciencia, Tecnología Y Sociedad, Y Filosofía De La Tecnología, no. 22: 178–205. https://doi.org/10.12795/argumentos/2019.i22.08.

Naciones Unidas. 2024 “La Cuestión De Palestina.: Cronología Histórica.” La Cuestión De Palestina. https://www.un.org/unispal/es/history/.

Redacción BBC News Mundo. 2026 “Meta Acuerda Pagar Hasta US$18.000 Millones Para Cerrar El Juicio Por Las Fallas En La Protección a Menores De Edad.” BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c0lrw7l4pylo.

Singh, Shubham. 2026. “How Many People Use Social Media in 2026 (Global Stats).” DemandSage. https://www-demandsage-com.translate.goog/social-media-users/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc.

Ulloa, Astrid. 2025. “Repolitizar La Vida, Defender Los Cuerpos-territorios Y Colectivizar Las Acciones Desde Los Feminismos Indígenas.” Ecología Política. https://doi.org/10.53368/EP61FCep03.