M.Sc.Patricia Oliva Barboza

Fotografía: Fotógrafa Hellen Hernández.
Obra: La Casa sin Bernarda.
Directoras: Luchi Pérez Wolter y Grettel Méndez.
Empezó siendo una “pregunta desesperada” así tal cual, de esas preguntas eternas que nunca se detienen. ¿Cómo te atreves? es el título de un proyecto paralelo que mi compañera investigadora y artista escénica Luchi Pérez y yo hemos venido construyendo juntas.
Iniciando el proceso creativo de una puesta en escena.[1] nos reencontramos para pensar cómo llevar a escena la muerte, las muertes de todas. Hicimos una pausa reflexionamos y nos preguntamos: ¿Cómo llevar a escena los femicidios?, de este proceso de escritura colectiva surgen dos textos[2] pero no fue suficiente para la dimensión de la pregunta.
Optamos por enfrentarnos al patriarcado apuntándole directo para pedirle cuentas por atreverse a desafiar la vida, una vida que merece ser vivida libre de violencia, por atreverse a desafiar nuestras muertes, nuestros cuerpos y nuestros saberes.
En la ficción empezamos a imaginar al patriarcado enfrentándose a una muerte poderosa, a una vida que merecía ser vivida hasta que la muerte lo quisiera, imaginamos después al patriarcado enfrentándose a una maternidad deseada y respetada que merece ser vivida sin violencia y así la lista ha ido creciendo.
Dándole un protagonismo cada vez más fuerte a la figura de la muerte en relación con la vida llega otra serie de cuestionamientos. Sabemos que el patriarcado no sólo ha expropiado nuestras vidas, debemos reconocer que ha sido tan osado que ha llegado a intervenir lo más sagrado, nuestras raíces y creencias originarias sintiéndose por encima de todo. El atrevimiento del patriarcado no tiene fin.
Surge una nueva inquietud, retomando la dualidad vida-muerte (entre otros textos que se pueden articular). En esta ocasión la pregunta se va enrumbando hacia el significado que tiene la muerte para nuestros pueblos originarios. Jamás será posible abarcar la cosmovisión de los distintos pueblos, será tan solo una intención para acercarme al significado de la dualidad vida-muerte desde la ancestralidad.
Recurro primero que todo al grupo de mujeres y aliadas de Talamanca liderado por María Suárez y la iniciativa INMAR Caribe de la que formo parte, tuve la suerte de compartir brevemente unas primeras reflexiones y no parece ser una idea aislada.
El significado de la muerte según otras cosmovisiones está vinculado con el significado de la vida, mientras que lo opuesto, es decir la escisión entre vida y muerte lleva consigo toda una carga histórica de poderes que nos colonizaron, de quienes ignoraron las raíces de otros saberes.
El patriarcado se sostiene sobre discursos de poder destructivos que privilegian recursos económicos, los discursos moralistas de la iglesia católica y otras prácticas religiosas, ello ha impactado incluso lo que conocemos como la muerte, lo que para otras cosmovisiones se sigue percibiendo como continuación de la vida. Todo esto me hace pensar en la forma que han sido devaluados nuestros conocimientos encarnados, nuestras tradiciones y linaje de mujeres, así como las creencias de nuestros pueblos originarios
Los estudios feministas nos permiten comprender la construcción cultural y las categorías de desigualdad que hacen que persista la cofradía patriarcal, me gustaría surcar otras miradas. La idea no es encontrar respuestas, sino continuar cuestionando, señalar el patriarcado y preguntarle ¿Cómo te atreves a enfrentar la madre muerte?
En principio me interesa conocer los rituales para entender poco a poco, despacio pero profundo algunos rituales y representaciones de la muerte y la vida.
Para nuestros pueblos originarios y para antiguas culturas matriarcales el principio de dualidad no estaba presente. La vida y la muerte, cuerpo y mente, masculino y femenino eran considerados partes de un todo. ¿En qué momento se da esa especie de fragmentación desvalorizando una de las partes?
Quizá estas reflexiones puedan parecer algo confusas, pero me ayuda pensar que el patriarcado se ha atrevido demasiado y no puede colocarse por encima de la vida ni de la muerte. Como lo he expresado en otras ocasiones, no está por encima de nuestras cuerpas, a pesar de la extracción histórica. Una forma de enfrentarlo es investigar cada vez más adentro de nuestra historia originaria.
[1] El proceso creativo al que hago referencia es la obra La Casa sin Bernarda dirigida por Luchi Pérez y Grettel Méndez que se estrenó el 2024.
[2] https://revistascientificas.us.es/index.php/pajaro_benin/article/view/25416. Artículo 1. Viajes imagínales. Nuestra muerte/la de ellas/la de todas. El douleo como escritura feminista a partir de una puesta en escena. https://dialecticaescenica.uanl.mx/index.php/revista/article/view/27. Artículo 2. Serie. ¿Cómo te atreves? La Maternidad no es la culpable.
Lic. César Moya Aburto
Costa Rica ha labrado un camino democrático, de reconocimiento de los derechos humanos y de avanzada en materia de garantías sociales desde la década de 1940, ha sido firmante de múltiples Instrumentos, Normativas, Convenios, que regulan y respaldan Derechos de los Pueblos Indígenas, como lo sería el Convenio 169 de los Pueblos y Grupos Étnicos, instrumento normado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y firmado por Costa Rica desde 1992.
Sin embargo, este reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, pese a estar adscrito oficialmente por Costa Rica, muchas veces no se cumplen a plenitud, en la mayoría de los casos, el cumplimiento de estos derechos específicos queda en el discurso, o como popularmente se dice, queda en el papel. Siendo evidente que existe un doble discurso de parte del Estado costarricense; hacia afuera la cara pública e internacional del país muestra un Estado progresista, comprometido con los derechos humanos de los pueblos indígenas, pero en la práctica, al interno del país, el ejercicio y aplicación de estos, quedan pendientes e incumplidos Ante estas deudas, muchos de los derechos de los pueblos indígenas se cumplen finalmente debido a la lucha y presión del movimiento indígena, no necesariamente, por voluntad del Estado costarricense.
Pese a existir una tradición democrática y un discurso a nivel país sobre la defensa y reconocimiento de los derechos humanos, valdría la pena reflexionar sobre qué sucede para el caso de los pueblos indígenas, ¿Los derechos de estos pueblos se cumplen?, ¿Hay coherencia entre el discurso y la práctica?, ¿La institucionalidad costarricense tiene presente los derechos específicos de los pueblos originarios cuando ofrece sus servicios?
Ha existido un desgaste e incumplimiento de estos derechos en años recientes, en particular para el caso de los pueblos indígenas, de acuerdo con Acuña (2025), siguiendo a su vez el Informe del Estado de la Nación (2023), el desgaste del desarrollo humano se constata debido a que, comparativamente con años anteriores, hoy día menos personas tienen acceso a oportunidades laborales, de bienestar social y a un entorno seguro.
En este mismo sentido, de acuerdo con Boeglin (2024), en Costa Rica se observa desde hace ya varios años una inacción estatal aunada a un desinterés de la clase política y de algunos sectores de la sociedad costarricense que, irremediablemente, conducen a un despojo de los derechos de amplios sectores de esta misma sociedad. Una situación agravada hoy por una narrativa de algunos decisores políticos tendiente a desacreditar y a estigmatizar a algunos sectores sociales y a pequeños colectivos dedicados a la defensa de los derechos humanos y del ambiente.
En días recientes, salió a circular un video en varias páginas de redes sociales, una situación que debería llamar nuestra atención como sociedad, por lo que evidencia el suceso ocurrido en dicha grabación, en la cual se observa el abordaje de dos policías municipales de Pérez Zeledón, a un señor de nombre Uriel Segura Morales, de 56 años, indígena cabécar de China Kichá, quien fue educador en el territorio de Chirripó, según comenta don Gilberth González en su perfil de Facebook.
El video muestra como uno de los oficiales persigue a don Uriel para detenerlo y abordarlo, luego de que el oficial municipal logra alcanzarlo, se observa como este oficial junto con otro compañero, también oficial municipal, acorralan a don Uriel para amedrentarlo y propinarle un golpe en su mandíbula. Don Uriel, cabizbajo sostiene su mandíbula luego del golpe, el oficial agresor observa a su alrededor, como viendo si alguien notó lo sucedido. ¿Será que don Uriel representó una amenaza para dos oficiales armados?, ¿Era necesario dicho abordaje frente a la situación que se estaba atendiendo en ese momento? Luego de lo sucedido, don Emmanuel Ceciliano Alfaro, alcalde de Pérez Zeledón, manifestó que se realizará la suspensión y se aplicarán procesos disciplinarios para ambos oficiales municipales.
Independientemente de si don Uriel cometió una falta frente a la autoridad (no lo sabemos, en el video no se observa), y comprendiendo que las fuerzas policiales, así como el resto de institucionalidad pública deben velar por el ordenamiento público, el abordaje institucional, policial, estatal, municipal, y el servicio ofrecido por entes privados, deberían darse en el marco de los derechos humanos, en este caso, en el de los derechos de los pueblos indígenas y finalmente de la dignidad humana, ya que salta la duda: ¿esta situación se hubiese dado de la misma forma si don Uriel no fuera indígena?
Bibliografía
Acuña Sossa, Kattia. 2025. «Costa Rica multiétnica y pluricultural». Archipélies, HS1| 2025, 1-19. http://journals.openedition.org/archipelies/3524
Boeglin, Nicolas. 2024. «La agenda de derechos humanos en Costa Rica: una deuda cada vez más pesada». Voz experta. https://www.ucr.ac.cr/noticias/2024/12/12/voz-experta-la-agenda-de-derechos-humanos-en-costa-rica-una-deuda-cada-vez-mas-pesada.html
González Maroto, Gilbert. 2026. «Don Uriel Segura Morales» Facebook. https://www.facebook.com/reel/1395804509349695
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