Lic. César Moya Aburto
Mayor Pablo Sivas Sivas

No, no podrán, silenciar nunca más
Canto brörán por la libertad”
Wilson Arroyo

Pablo es un indígena brörán que vive en Térraba, en la tierra recuperada Crun Shurin, trabaja la tierra, cuida sus cerdos, es un líder indígena de larga trayectoria, además es investigador comunitario en la Universidad Estatal a Distancia. Su amor por su pueblo y su cultura viene desde muy niño cuando crecía en Térraba con su mamá y su bisabuela, grandes figuras de su vida, según él lo relata.

En su expresión serena pero firme, se resguardan más de cuarenta años de lucha por los derechos de los pueblos indígenas, por la defensa de su cultura e identidad, por la protección de la naturaleza que conforma las tierras cercanas del Di Cri (río Térraba), y en general por demostrar que los pueblos indígenas en Costa Rica existen y son sujetos de derechos nacional e internacionalmente reconocidos.

En la década de 1980, junto con un grupo de hombres y mujeres de los territorios de Térraba, Boruca y Yimba Caj, al enterarse que había intenciones de sacar grandes cantidades de madera de la zona, deciden intervenir y bloquear el camino para impedir la extracción. Ante esta protesta el grupo de indígenas es arrestado y terminan en la cárcel de Pérez Zeledón.

Para 1990, a pesar de no ser un indígena ngäbe, impulsa y respalda, junto con otros liderazgos indígenas, la lucha por la obtención de la cédula y el reconocimiento de ciertos derechos que eran negados por ser considerados como extranjeros.

En 2010, junto a un grupo de lideresas y líderes indígenas de distintos territorios, solicitaban se votara el proyecto de ley de desarrollo autónomo, luego de la conferencia y de mantenerse en el salón de beneméritos de la patria como acción de presión, fueron desalojados en horas de la madrugada. Ante estos hechos este grupo toma la determinación de realizar el ejercicio de sus derechos como pueblos originarios desde sus propios territorios. A partir de aquí las recuperaciones de tierra/territorio toman relevancia como una forma efectiva de volver a las tierras de sus ancestros.

Esta historia de lucha por los derechos de los pueblos indígenas en Costa Rica es ejemplar y destaca por su trayectoria particular, sin embargo, así como Pablo existen muchas personas indígenas que dan su mejor esfuerzo por mejorar las condiciones de vida de sus pueblos, que luchan trabajando la tierra y sosteniendo a sus familias, que deben estar constantemente visitando los juzgados para presentar denuncias ante hechos de violencia.

Generalmente homenajeamos a las personas que queremos, o que consideramos, han dado algún aporte significativo durante su trayectoria de vida, estos espacios de conmemoración, usualmente, se realizan cuando ya la persona no nos acompaña en vida, cuando ya se ha ido, y no hubo tiempo de reconocer las contribuciones, el legado y el ejemplo que ha dado a los demás. Sirva este espacio para hacer un pequeñísimo homenaje al líder indígena brörán Pablo Sivas Sivas y a visibilizar una pincelada de su historia personal, tal cual me la contó, y que explica mucho del Pablo de hoy. Sirvan las palabras que a continuación este Mayor indígena nos comparte, para ver en estas la historia reflejada de muchos bribris, cabécares, ngäbes, bruncas, malekus, chorotegas, brörán y huetares.

 

Pablo Sibar desde su propia voz

Voy a contarte un poco mi trayectoria. Bueno, yo nací en 1956, según la cédula, el 6 de enero de 1956, según los datos de mi mamá, 26 de enero de 1956, y bueno, nací en el territorio brörán, un territorio que estaban solo los indígenas, no había carreteras, no había pulperías, no había, o sea, todo lo que comíamos, lo producíamos.

En Térraba los curas hacían y deshacían con el territorio, por ejemplo, mi apellido, mi mamá es Manuela Sivas Nájera, bueno, Sibar Nájera, cuando a mí me inscriben, el cura me puso Sivas Sivas, y entonces, bueno, el cura realmente me pone Sivas Sivas, y por eso yo soy Sivas Sivas, conocido como Sibar Sibar.

Me crecí y a los siete, bueno, cuando nací, antes de cumplir el año, dice que me bautizaron y me confirmaron de una vez. Yo hice la primera comunión, cuando crecía, el pueblo Térraba era totalmente católico, un pueblo construido por los franciscanos, que eran los que daban todas las órdenes, pero ya cuando yo me crecía, ya los franciscanos no estaban, ya los habían echado.

Contaba mi bisabuela que los jóvenes térrabas o bröran echaron los franciscanos. Yo fuí un niño que teníamos comida, lo que no había en la comunidad era la ropa. La ropa era difícil de encontrar. Yo me recuerdo que yo iba a la escuela descalzo, con unos pantalones grandes, con camisas de sacos de manta, antes la harina salía en sacos de manta. Entonces esas eran las camisas que me hacían y ahí comencé a crecer.

Me puse el primer zapato a los 13 años y un pantalón largo. Pero siempre fui como muy activo. Me gustó mucho jugar bola, jugábamos trompo, jugábamos bolinchas, pero más que todo el trompo y bola, nosotros mismos fabricábamos los trompos. Y ese era como el juego de la comunidad, cultivando con mi bisabuela, sembrando arroz, frijoles, maíz, plátanos, yuca, bananos, o sea, todo eso. Mi bisabuela tenía una finca muy grande y entonces ahí trabajábamos.

Yo siempre miré la tierra como un bien natural, o sea, nunca, nunca ambicioné tener tierras, verdad, o sea, mi bisabuela me ofreció tierra, yo le dije que no. Varias veces, unos lotes le dije que no. Y de muy chiquitillo ya yo trabajaba. Y joven, muy joven, 13, 14 años viajé a Puerto Jiménez, trabajé un año en Puerto Jiménez, allá volando cuchillo. Y luego regresé a Térraba. Luego me fui con mi papá para un lugar que llamaba Matapalo de Aguirre. Dos bocas de Aguirre, exactamente. Un lugar bastante retirado, allá estuve, ahí hice mi primera familia. Luego regreso a Térraba.

Trabajé un año y dos meses en Pindeco y renuncio y entro a la lucha. Ya en los ochenta entonces ya comencé todo el proceso que se viene y ahí, pero poco mi niñez fue un niño contento, un niño feliz. En la escuela me sentía un poco marginado por andar descalzo algunos de mis compañeros andaban zapato, pantalón largo, y entonces yo me sentía un poco triste en primer grado, pero tuve un maestro Hernán Méndez se llamó ese maestro, muy bueno, y ese maestro conversó conmigo y me preguntó, que por qué estaba triste, yo le dije que no, que yo no estaba triste, entonces me dijo que sí, que estaba triste y me dice, yo sé por qué está triste, porque usa esas camisas de manta, usas ese pantalón grande, no tienes zapatos, pero me dijo algo que caló en mi vida.

Me dijo, que uno era importante, no por lo que tenía por fuera, sino como era uno por dentro. Entonces me dijo, usted tiene una familia que, mire, usted viene bien bañadito, sus orejas están limpias, usted no tiene piojos, mientras que mucho de esos niños que andan en zapato y pantalón largo, tienen el oído sucio y están con piojos.

Bueno, entonces me dijo eso. Me dijo que la importancia de la vida era como uno era por dentro, que el resto salía sobrando. Y yo creo, en mi vida, eso caló muchísimo. Y ahí aprendí que no importa, si ando descalzo, si ando con botas, si ando con buen par de zapatos o un pantalón.

Y aprendí eso, aprendí en mi vida a ser un luchador, a ser un defensor de nuestra causa bajo principios de lucha y de derechos. Desde muy pequeño, fui activo, haciendo turnos, haciendo ferias, jugando fútbol, caminando, brincando, saltando, nadar. Considero un niño que fui alegre, aprendí a silbar, aprendí a gritar.

Me gustó mucho nadar, cruzar. Hacíamos competencias con mis compañeros, cuál cruzaba más veces el río Térraba nadando, por ejemplo. Y era bonito. Era un ambiente muy sano, ese río era una belleza, un río que daba comida, que daba de todo, porque había mucho pescado, muchos camarones, mucha variedad de animales que estaban ahí en ese río y que nos servían para nuestra alimentación.

Entonces, yo fui crecido con mi bisabuela, una mujer sabia, muy sabia realmente, no sabía leer ni escribir, pero me decía, me dijo cosas que calaron en mi vida, como que el agua se iba a terminar, como que no iba a ver agua, que iban a tener que comprar el agua y yo nunca le creí. Sin embargo, por ahora trato de no comprar agua, en lo menos posible, porque cada vez me recuerdo de ella como una mujer que no sabía leer ni escribir, podía tener esta condición de decir que el agua se iba a terminar e iban a tener que comprarla para tomarla.

Me gustó andar en la montaña, me gustó compartir en las pozas, comíamos muchas frutas de la montaña como el ojoche, comíamos, había mucho pataste que es un árbol de la montaña que se hace cacao, muy rico. Y así sucesivamente eran un grupo de jóvenes grandes, muchos fuimos a la cárcel en el 85 por la madera y desde ahí pues trabajamos, esos espacios de mis compañeros que estuvimos a la cárcel realmente son muy pocos los que quedaron en la lucha.

Pero bueno, aquí estamos y aquí hemos seguido con esa gran oportunidad, creo que tuve muchas oportunidades he tenido muy buenos amigos y también hay personas que no están de acuerdo en mi lucha y son contrarios a la espiritualidad indígena, que es muy importante para mí, y que hoy día la dominación ha sido tan grande que ha sido desplazada por las distintas religiones.

Aprendí a que había que trabajar para vivir, mi abuelita me enseñó esos principios, lo ajeno es lo ajeno y lo di uno es lo di uno, y también me enseñó que había que defender lo di uno y yo creo que desde ahí está mi espíritu de lucha, mi espíritu de esperanza y que realmente en algún momento se puede cambiar y que los pueblos indígenas podamos ser diferentes.