Dra. Priscilla Carballo Villagra

Uno de los retos del mundo del arte, es que en términos generales existe una dificultad social e institucional para reconocer la labor de las personas artistas como un trabajo. Esta falta de claridad social sobre el arte como trabajo, ha implicado una dificultad para garantizarles todos los derechos que corresponden como cualquier otra actividad productiva.

En sociedades pequeñas como las centroamericanas con precarias políticas de empleo, e instituciones de protección de las personas trabajadores deficientes, ser artista es un reto aún mayor. Las ofertas culturales alternativas a las que se dedican las personas artistas locales deben competir con la industria cultural de masas, en condiciones totalmente desiguales. Estas actividades artísticas se ubican en pequeños circuitos autogestionados y con espectáculos que generalmente están centralizados en las capitales.

Según el “Informe Seguridad Social de las personas artistas” (2023), las condiciones laborales de estas personas están marcadas por varios factores: primero, son actividades que se realizan como trabajadores independientes, también, tiene varios empleadores de manera simultánea para “redondearse” los ingresos necesarios, por este motivo son trabajos intermitentes y salarialmente inestables. Además, muchas veces su margen de negociación de los precios por los servicios es reducido, debido a la alta competencia y la falta de organizaciones laborales de defensa colectiva.

Quienes acostumbramos a ir a conciertos, obras de teatro o exposiciones, entendemos claramente estas características que plantea el citado informe, pues nos cuesta mucho entender cómo después de semanas y horas de ensayos, las personas artistas realizan una presentación en un pequeño espacio cultural donde, en el mejor de los casos, asisten unos 100 espectadores. A partir de esto nos preguntamos: ¿dónde está la ganancia económica para estas personas trabajadoras y el justo reconocimiento por todas las horas invertidas? Haciendo un cálculo superficial, es evidente que las taquillas en pequeños circuitos culturales no retribuyen el trabajo realizado.

Algunas profesiones artísticas tienen relativamente más facilidad para generarse otras formas de sobrevivencia, por ejemplo, las personas músicas con mucha frecuencia dan clases de instrumentos en sus casas o en academias o incluso en instituciones educativas públicas o privadas. Sin embargo, las personas de otras manifestaciones artísticas como las artes plásticas o el teatro, tienen más dificultades para ubicarse laboralmente. El producto de estas dinámicas es que derechos como el salario mínimo, las vacaciones, las licencias de cuido sean imposibles de concretarse.

A esta precariedad e informalidad laboral se le debe sumar una institucionalidad que no comprende las condiciones económicas inestables de las personas artistas, se les pide: asegurarse como trabajador independiente y pagar mes a mes como si tuvieran un ingreso permanente, estar inscrito en SICOP para poder concursar en los eventos que realizan los ministerios y municipalidades y estar inscrito en Ministerio de Hacienda, porque mientras que estos ministerios no persiguen a los grandes evasores, a las personas del arte las llevan en estrictos controles.

Todo esto genera que la precariedad se vea reflejada en los derechos que se pierden hoy, como el salario mínimo y constante, el aseguramiento y el acceso a servicios de salud, las licencias de cuido, etc. Pero también, es importante mencionar los derechos que se pierden para un futuro digno, por ejemplo, la posibilidad de una pensión.

El reconocimiento social del trabajo artístico es urgente ya que implica evitar condenar a la precariedad a las generaciones actuales del mundo del arte. A esta situación se le debe agregar la falta de información que desde las mismas universidades les dan a estas personas sobre derechos laborales, y las escazas organizaciones de representación colectiva que realicen acciones más allá de pagarles por temas de derechos de autor, sino que puedan efectivamente negociar acciones concretas para la población frente al Estado.

La institucionalidad debe responder con políticas de aseguramiento que sean flexibles frente a las condiciones inestables de las personas del arte. Solo con políticas claras se puede garantizar el reconocimiento del arte como trabajo, porque es evidente que aplaudir no alcanza.

 

Referencias bibliográficas

 

Organización Iberoamericana e Seguridad Social, (2023). Informe Seguridad Social de las personas artistas. Informe 2022.