Lic. Pablo Arturo Díaz González
En el 2024, el Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) presentó la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2027 (ENIA), la cual pretendía ser una hoja de ruta que aspire a posicionar al país como líder regional en la gobernanza ética y el desarrollo de tecnologías avanzadas. En el papel el discurso es impecable: se habla de una "IA centrada en las personas", alineada con la OCDE y la UNESCO, y que promueva el uso, adopción y desarrollo de la inteligencia artificial de manera ética, segura y responsable [1].
Sin embargo, al confrontar este relato con la realidad material del país y los proyectos de ley propuestos en la Asamblea Legislativa, la distancia entre las expectativas y las posibilidades reales es significativa: falta de presupuesto, ausencia de personal técnico especializado y el riesgo de generar leyes inoperantes. Todo esto amenaza con transformar la promesa de la soberanía tecnológica en un laberinto burocrático.
El primer obstáculo es el déficit de financiamiento. La propia ENIA reconoce que la inversión nacional en investigación, desarrollo e innovación es insuficiente y que el país se enfrenta a una escasez de infraestructura tecnológica y talento altamente especializado en IA. Para muestra, un dato revelador de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) señala que, aunque el 35% del parque empresarial en tecnologías de la información y comunicación ofrece servicios relacionados con la IA en su cartera, solo el 1% del sector está realmente especializado en esta [1].
A nivel nacional simplemente carecemos del músculo para competir en la carrera global de patentes y algoritmos comerciales. En este contexto, legislar sobre la IA sin proveer recursos financieros reales es una receta para el fracaso. El proyecto de ley Expediente N.° 24.484 ("Ley para la Implementación de Sistemas de Inteligencia Artificial") ilustra esta disonancia. En las consultas de subcomisión, el propio MICITT encendió las alarmas al señalar que el proyecto le asigna fuertes responsabilidades de regulación, supervisión y acompañamiento a su Dirección de Investigación, Desarrollo e Innovación [2]. El problema radica en que esta dirección no cuenta con presupuesto asignado ni personal especializado para asumir tales tareas.
El segundo gran problema de los esfuerzos legislativos actuales consiste en la falta de aplicabilidad y rigor técnico. El informe del Departamento de Servicios Técnicos de la Asamblea Legislativa sobre el Expediente N.° 24.484 clasificó la propuesta como "derecho blando", destacando que el texto se limita a enunciar principios generales y obligaciones morales, pero carece de un contenido práctico, sancionatorio u operativo concreto [2]. Esto no solo desincentiva el cumplimiento, sino que propicia un escenario de impunidad donde el Estado es incapaz de fiscalizar desarrollos que ya se encuentren activos en el sector privado y público.

Créditos: Imagen generada por el autor utilizando IA
Bajo esta misma línea tenemos el proyecto Expediente N.° 23.771, el cual se presentó con la particularidad de haber sido redactado con la asistencia de ChatGPT-4[3]. Si bien abrió el debate sobre la necesidad de regular la tecnología, el resultado práctico tiene grandes imprecisiones técnicas en sus definiciones fundamentales, lo cual genera un vacío legal.
Pero la solución no debe ser la inacción ni tampoco la sobrerregulación punitiva. Es aquí donde el proyecto de ley Expediente N.° 23.919 ("Ley para la Promoción Responsable de la Inteligencia Artificial") realiza un aporte que podría ser valioso, al introducir la idea de Entornos de Prueba Regulatorios (EPR-IA o sandboxes) y los Prototipos de Regulación[4], que consisten en espacios supervisados y limitados donde las empresas, MiPyMEs y centros de investigación pueden desarrollar y probar sistemas de IA bajo condiciones controladas y con flexibilidades regulatorias temporales, lo cual, en la sana teoría, permitiría:
La soberanía tecnológica de Costa Rica en la era de los algoritmos requiere de un soporte público robusto y un ecosistema abierto. No podemos depender de que la ética tecnológica sea dictada en Silicon Valley o Bruselas, ni podemos confiar el interés nacional a la autorregulación corporativa o a una burocracia estatal desfinanciada. El Expediente 23.919 señala herramientas en esta línea [4]:
No es posible navegar la revolución tecnológica que implica la inteligencia artificial con leyes y discursos vacíos de contenido presupuestario. Si la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial ha de ser algo más que una pieza de propaganda institucional, el Estado deberá asumir la responsabilidad de financiar su implementación, y optar por un marco legislativo ágil. Solo contando con un financiamiento estable para la innovación, la protección de los trabajadores y el blindaje de la investigación pública podremos lograr que la IA en Costa Rica sirva para promover el bienestar humano y mitigar las desigualdades, en lugar de profundizar nuestra histórica dependencia del exterior.
[1] Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2027
M.Sc.Patricia Oliva Barboza

Fotografía: Fotógrafa Hellen Hernández.
Obra: La Casa sin Bernarda.
Directoras: Luchi Pérez Wolter y Grettel Méndez.
Empezó siendo una “pregunta desesperada” así tal cual, de esas preguntas eternas que nunca se detienen. ¿Cómo te atreves? es el título de un proyecto paralelo que mi compañera investigadora y artista escénica Luchi Pérez y yo hemos venido construyendo juntas.
Iniciando el proceso creativo de una puesta en escena.[1] nos reencontramos para pensar cómo llevar a escena la muerte, las muertes de todas. Hicimos una pausa reflexionamos y nos preguntamos: ¿Cómo llevar a escena los femicidios?, de este proceso de escritura colectiva surgen dos textos[2] pero no fue suficiente para la dimensión de la pregunta.
Optamos por enfrentarnos al patriarcado apuntándole directo para pedirle cuentas por atreverse a desafiar la vida, una vida que merece ser vivida libre de violencia, por atreverse a desafiar nuestras muertes, nuestros cuerpos y nuestros saberes.
En la ficción empezamos a imaginar al patriarcado enfrentándose a una muerte poderosa, a una vida que merecía ser vivida hasta que la muerte lo quisiera, imaginamos después al patriarcado enfrentándose a una maternidad deseada y respetada que merece ser vivida sin violencia y así la lista ha ido creciendo.
Dándole un protagonismo cada vez más fuerte a la figura de la muerte en relación con la vida llega otra serie de cuestionamientos. Sabemos que el patriarcado no sólo ha expropiado nuestras vidas, debemos reconocer que ha sido tan osado que ha llegado a intervenir lo más sagrado, nuestras raíces y creencias originarias sintiéndose por encima de todo. El atrevimiento del patriarcado no tiene fin.
Surge una nueva inquietud, retomando la dualidad vida-muerte (entre otros textos que se pueden articular). En esta ocasión la pregunta se va enrumbando hacia el significado que tiene la muerte para nuestros pueblos originarios. Jamás será posible abarcar la cosmovisión de los distintos pueblos, será tan solo una intención para acercarme al significado de la dualidad vida-muerte desde la ancestralidad.
Recurro primero que todo al grupo de mujeres y aliadas de Talamanca liderado por María Suárez y la iniciativa INMAR Caribe de la que formo parte, tuve la suerte de compartir brevemente unas primeras reflexiones y no parece ser una idea aislada.
El significado de la muerte según otras cosmovisiones está vinculado con el significado de la vida, mientras que lo opuesto, es decir la escisión entre vida y muerte lleva consigo toda una carga histórica de poderes que nos colonizaron, de quienes ignoraron las raíces de otros saberes.
El patriarcado se sostiene sobre discursos de poder destructivos que privilegian recursos económicos, los discursos moralistas de la iglesia católica y otras prácticas religiosas, ello ha impactado incluso lo que conocemos como la muerte, lo que para otras cosmovisiones se sigue percibiendo como continuación de la vida. Todo esto me hace pensar en la forma que han sido devaluados nuestros conocimientos encarnados, nuestras tradiciones y linaje de mujeres, así como las creencias de nuestros pueblos originarios
Los estudios feministas nos permiten comprender la construcción cultural y las categorías de desigualdad que hacen que persista la cofradía patriarcal, me gustaría surcar otras miradas. La idea no es encontrar respuestas, sino continuar cuestionando, señalar el patriarcado y preguntarle ¿Cómo te atreves a enfrentar la madre muerte?
En principio me interesa conocer los rituales para entender poco a poco, despacio pero profundo algunos rituales y representaciones de la muerte y la vida.
Para nuestros pueblos originarios y para antiguas culturas matriarcales el principio de dualidad no estaba presente. La vida y la muerte, cuerpo y mente, masculino y femenino eran considerados partes de un todo. ¿En qué momento se da esa especie de fragmentación desvalorizando una de las partes?
Quizá estas reflexiones puedan parecer algo confusas, pero me ayuda pensar que el patriarcado se ha atrevido demasiado y no puede colocarse por encima de la vida ni de la muerte. Como lo he expresado en otras ocasiones, no está por encima de nuestras cuerpas, a pesar de la extracción histórica. Una forma de enfrentarlo es investigar cada vez más adentro de nuestra historia originaria.
[1] El proceso creativo al que hago referencia es la obra La Casa sin Bernarda dirigida por Luchi Pérez y Grettel Méndez que se estrenó el 2024.
[2] https://revistascientificas.us.es/index.php/pajaro_benin/article/view/25416. Artículo 1. Viajes imagínales. Nuestra muerte/la de ellas/la de todas. El douleo como escritura feminista a partir de una puesta en escena. https://dialecticaescenica.uanl.mx/index.php/revista/article/view/27. Artículo 2. Serie. ¿Cómo te atreves? La Maternidad no es la culpable.
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