Licda. Megan López La Touche
En 1992, los Simpson estrenaron el capítulo “Homero al bat”, uno de sus capítulos más recordados entre sus seguidores. En este capítulo el equipo de softball de la Planta Nuclear de Springfield llegaría a la final del campeonato y la jugaría contra sus enemigos de Shelbyville, sin embargo, el señor Burns tenía un as bajo la manga; traería a jugadores de la Major League Baseball (MLB) para asegurar la victoria.
Entre los jugadores que fueron seleccionados estaban Roger Clemens, Wade Boggs, Ken Griffey Jr., Steve Sax, Ozzie Smith, José Canseco, Darryl Strawberry , Mike Scioscia y el protagonista de este texto, Don Mattingly.
Sí usted llego hasta aquí debe estar haciendo dos cosas: buscando el capítulo en la plataforma de Disney + para verlo o preguntándose por qué un blog de un centro de ciencias sociales dedica un espacio para hablar de un episodio de los Simpson, pero ya lo van a descubrir.
Volvamos a quien inspiró este texto y se lleva la mayor parte de los chistes en el capítulo, Don Mattingly. Durante todo el episodio el señor Burns le exige a Mattingly que se corte las patillas y aun cortándose las patillas y rapándose media cabeza, Burns no queda satisfecho y decide cortar del equipo a Mattingly, pero a qué se refería con las patillas.
Mattingly jugó en el período de 1982 a 1995 con los New York Yankees, equipo que había implementado el “reglamento de apariencia” en 1973. Esta regla creada por el exdueño de los Yankees, George M. Steinbrenner, les prohibía a los jugadores, entrenadores y directivos utilizar el cabello por debajo del cuello y vello facial que no fuera el bigote (salvo por razones religiosa). En otras palabras, los Yankees se apropiaron del cuerpo del personal por más de 40 años, hasta que en febrero del 2025 el equipo hizo el anuncio de que esa ridícula regla quedaba ya sin efecto y que ya no era necesario afeitarse para pertenecer a los llamados “Bombarderos del Bronx.”
Así como Steinbrenner se apropió del cuerpo de quienes forman parte de los Yankees se asemeja a lo que el Ministerio de Educación Pública (MEP) quiere para este curso lectivo, dándole mayor foco de atención a cosas banales y no las situaciones que realmente necesitan ser atendidas.
Para este año, el MEP actualizó su lineamiento de presentación personal, convivencia y conducta, en donde llama la atención como ahora está prohibido el uso de maquillaje, piercings, vello facial, cabello y el que los alumnos puedan realizar tatuajes.
Existiendo tantos problemas por solucionar como los que tiene el MEP, como resolver nombramientos, mejorar la infraestructura en diferentes centros escolares, actualizar los programas educativos, tener programas de educación sexual, entre otros, deciden en que antes de solventar los problemas mencionados primero hay que hacer que todos los estudiantes se vean iguales.
Siempre se nos ha dicho que somos los dueños de nuestros cuerpos y que nadie debe opinar sobre ellos, pero con las medidas que tanto como los Yankees y el MEP implementan queda demostrado todo lo contrario.
A los (as) funcionarios (as) del Ministerio se les olvida que es través del cuerpo es por donde pasan las emocionas y que en la adolescencia los jóvenes están en búsqueda de su propia identidad y que utilizan su cuerpo para expresarse.
Burns nunca tuvo problemas con las patillas de Don Mattingly, el problema era su bigote y fue lo que constantemente le estuvo pidiendo que se afeitará.
Hoy, 34 años después de que se transmitiera el capítulo, estoy segura de que sí el equipo de la Planta Nuclear volviera a necesitar refuerzos Don Mattingly, con su bigote y patillas, ahora sí podría jugar ese juego que no puedo junto a Homero, Carl, Lenny y demás empleados.
Dra. Priscilla Carballo Villagra
Uno de los retos del mundo del arte, es que en términos generales existe una dificultad social e institucional para reconocer la labor de las personas artistas como un trabajo. Esta falta de claridad social sobre el arte como trabajo, ha implicado una dificultad para garantizarles todos los derechos que corresponden como cualquier otra actividad productiva.
En sociedades pequeñas como las centroamericanas con precarias políticas de empleo, e instituciones de protección de las personas trabajadores deficientes, ser artista es un reto aún mayor. Las ofertas culturales alternativas a las que se dedican las personas artistas locales deben competir con la industria cultural de masas, en condiciones totalmente desiguales. Estas actividades artísticas se ubican en pequeños circuitos autogestionados y con espectáculos que generalmente están centralizados en las capitales.
Según el “Informe Seguridad Social de las personas artistas” (2023), las condiciones laborales de estas personas están marcadas por varios factores: primero, son actividades que se realizan como trabajadores independientes, también, tiene varios empleadores de manera simultánea para “redondearse” los ingresos necesarios, por este motivo son trabajos intermitentes y salarialmente inestables. Además, muchas veces su margen de negociación de los precios por los servicios es reducido, debido a la alta competencia y la falta de organizaciones laborales de defensa colectiva.
Quienes acostumbramos a ir a conciertos, obras de teatro o exposiciones, entendemos claramente estas características que plantea el citado informe, pues nos cuesta mucho entender cómo después de semanas y horas de ensayos, las personas artistas realizan una presentación en un pequeño espacio cultural donde, en el mejor de los casos, asisten unos 100 espectadores. A partir de esto nos preguntamos: ¿dónde está la ganancia económica para estas personas trabajadoras y el justo reconocimiento por todas las horas invertidas? Haciendo un cálculo superficial, es evidente que las taquillas en pequeños circuitos culturales no retribuyen el trabajo realizado.
Algunas profesiones artísticas tienen relativamente más facilidad para generarse otras formas de sobrevivencia, por ejemplo, las personas músicas con mucha frecuencia dan clases de instrumentos en sus casas o en academias o incluso en instituciones educativas públicas o privadas. Sin embargo, las personas de otras manifestaciones artísticas como las artes plásticas o el teatro, tienen más dificultades para ubicarse laboralmente. El producto de estas dinámicas es que derechos como el salario mínimo, las vacaciones, las licencias de cuido sean imposibles de concretarse.
A esta precariedad e informalidad laboral se le debe sumar una institucionalidad que no comprende las condiciones económicas inestables de las personas artistas, se les pide: asegurarse como trabajador independiente y pagar mes a mes como si tuvieran un ingreso permanente, estar inscrito en SICOP para poder concursar en los eventos que realizan los ministerios y municipalidades y estar inscrito en Ministerio de Hacienda, porque mientras que estos ministerios no persiguen a los grandes evasores, a las personas del arte las llevan en estrictos controles.
Todo esto genera que la precariedad se vea reflejada en los derechos que se pierden hoy, como el salario mínimo y constante, el aseguramiento y el acceso a servicios de salud, las licencias de cuido, etc. Pero también, es importante mencionar los derechos que se pierden para un futuro digno, por ejemplo, la posibilidad de una pensión.
El reconocimiento social del trabajo artístico es urgente ya que implica evitar condenar a la precariedad a las generaciones actuales del mundo del arte. A esta situación se le debe agregar la falta de información que desde las mismas universidades les dan a estas personas sobre derechos laborales, y las escazas organizaciones de representación colectiva que realicen acciones más allá de pagarles por temas de derechos de autor, sino que puedan efectivamente negociar acciones concretas para la población frente al Estado.
La institucionalidad debe responder con políticas de aseguramiento que sean flexibles frente a las condiciones inestables de las personas del arte. Solo con políticas claras se puede garantizar el reconocimiento del arte como trabajo, porque es evidente que aplaudir no alcanza.
Referencias bibliográficas
Organización Iberoamericana e Seguridad Social, (2023). Informe Seguridad Social de las personas artistas. Informe 2022.
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